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Odisea para comprar unos boletos | Imprimir |
Escrito por Colaborador on Viernes, 02 de Marzo de 2012 20:16   

Por Gaby Flores ( Esta dirección de correo electrónico está protegida contra robots de spam. Necesita activar JavaScript para poder verla )

madonna2Todo empezó como un día normal. Llevé a Shanti a su pediatra para revisar que su oído estuviera libre de infección tras 10 días de tratamiento con antibiótico. En la espera de ésta, y mientras Shanti jugaba con un teléfono tuerto y legos desarticulados y esparcidos por el suelo del consultorio, la enfermera hacía las anotaciones pertinentes al estado de su salud. Latina redondita, pasando los cuarenta, de trato gentil y discreto. El año pasado me la encontré en el concierto de Ricky Martín, felices y eufóricas, al ritmo de "living la vida loca", nos dimos un abrazo alegre nacido de la efervescencia de su música, energía y hermosura; Ricky nos hizo generosos de afecto por un par de horas a todos los que asistimos a su concierto, pero bueno, esa es otra historia.

"¿Has ido a ver a otro mango en concierto últimamente?", le pregunté, "No, pero voy a ir a verla en concierto; ayer salieron a la venta los boletos por Internet, ¿tu vas a ir?", "Qué, cómo, cuándo, dónde salió anunciado, por qué no me enteré si siempre estoy de chismosa, digo atenta a todo tipo de eventos sociales, culturales, musicales, académicos y hasta religiosos que se programen por mis rumbos".

"Cómo está mi Shanti?", La Dra. Julie nos interrumpió con su voz chillonamente aguda y en volumen alto, y ese aire distraído que a veces me hace dudar de sus diagnósticos. "A ver, a ver, déjame ver, déjame ver tus oídos, todo bien, todo bien, perfecta, ya no hay infección, bye, bye que tengan buen día", en menos de 2 minutos la consulta terminó, apenas dijo esto, agarro a Shanti de la mano, le doy las gracias a la enfermera, y salgo "al pedo" del consultorio, como se expresaría mi siempre refinado y culto padre. Tomo mi celular y le hablo a Violeta, "Qué onda Morra, ya sabes quién viene en concierto al Staples en octubre".

Todo organizado, se me da la logística cuando de divertirse y presenciar un espectáculo digno de ver se trata. Muy temprano me voy a lanzar a la taquilla del Staples Center a comprar 8 boletos, 2 para Violeta y Jaime, 2 para Carlos y Lety, 2 para Pame y Marcos, y 2 para nosotros. Dejo a Shanti en su escuelita y me dirijo relajadamente a la autopista 110 Norte (Los Ángeles), voy escuchando uno de sus CD e imaginándome por primera vez en uno de sus conciertos. El tráfico es ligero, y el calor agobiante. Después de 30 minutos, tomo la salida al sur de la calle Figueroa y entro en un estacionamiento público que está cerca del Staples y en donde al llegar me doy cuenta de que no aceptan tarjeta de crédito y no llevo efectivo, y cuyo joven dependiente, con sonrisa burlona y cantadito de chilango de Tepito me dice "Oiga y por qué no trae cash, qué ya no se usa o qué, jejejeje, mire allá a dos cuadras está un cajero ATM, aquí le cuidamos su carro pero tiene que venir a pagarnos ¿he? si no le llamamos a la grúa, jejeje".

Estaciono el carro y me dirijo rumbo al lugar que mi compatriota con labios de cloaca de gallina ponedora me señaló. En el centro de los Ángeles las cuadras no son precisamente pequeñas, su tamaño es subjetivo, se estrechan o agrandan según sus habitantes y telón de fondo. Mientras voy caminando, algunos indigentes, en su mayoría afro americanos, pacífica y modorramente habitan sus rincones, las paredes de los edificios se arropan de graffiti de mala calidad y suciedad, y clanes de latinos esperan el transporte público en cada esquina.

Es increíble cómo el centro de Los Ángeles está lleno de contrastes y contradicciones, en una sola avenida pueden coexistir dos mundos desiguales paralelamente. Por un lado el glamour, esplendor y riqueza y por el otro el inframundo de la indigencia, marginación y pobreza. Entro en la pequeña tienda de abarrotes, en donde la dependienta, una joven árabe ecléctica, muestra impúdicamente sus antebrazos tatuados mientras cubre tímidamente su cabeza con un velo negro; saco dinero del cajero, compro una agua y me dirijo a donde mi compatriota de labios obscenos espera le pague el estacionamiento.

Llego a mi carro, lo abro y tomo la novela Travesuras de niña mala de Mario Vargas Llosa, que estoy leyendo y que va de una mujer escurridiza y un amor platónico y enfermizo, en fin, voy preparada para hacer cola. Los boletos se están vendiendo como pan caliente y es mejor entretenerme en algo mientras me formo en la línea. Le pago al chilango burlón, y ahora me dirijo en sentido contrario, hacia el mundo de esplendor, donde los rayos de sol iluminan con más brillo y donde todo se ve a color, no en blanco y negro, como en su extremo contrario. Hay turistas tomándose fotos en una pequeña plaza detrás del Staples, sigo mi andar tranquilo y meditabundo, pensando en mis años universitarios, cuando en toda fiesta cantábamos a todo pulmón sus canciones y muchas trataban de emular su estilo ochentero y rebelde.

Me voy acercando anticipando la enorme cola que debe haber, doblo la esquina y veo que han cerrado la calle que separa el Staples del Nokia, hay una gran carpa, luces y aparatos de sonido, están preparando el evento de los Grammys. Paso a un lado de la estatua de Magic Johnson y luego de la de Oscar de la Hoya, y veo con asombro que no hay absolutamente ninguna cola ni una sola alma entusiasta comprando boletos. Veo una ventanilla solitaria y retraída a la cual me acerco pensativa, y le pido los boletos al dependiente, un chico afroamericano de ojos de renacuajo con diarrea y presencia ausente, que me contesta muy amablemente "Sus boletos sólo se están vendiendo en la preventa por Internet, nosotros abrimos la venta en taquilla el martes 13 de febrero, ¿algún otro evento?", le contesto desmoralizada, acalorada y apendejada "No, gracias".

Regreso a mi casa, no sin antes hablarles a mis acompañantes y ponerlos al tanto de lo acontecido. Ahora mi estrategia es otra, ya no lanzarme a la autopista 110 Norte, sino a la carretera de la información, Internet. Entro a Ticket Master a su evento y trato de comprar los boletos de precio medio, pero el sistema me pide una clave de preventa, que hay que comprar por la módica cantidad de $18.99 dólares, ¡de plano qué poca madre!, sí que saben hacer negocios, por eso están tapizados de millones, en fin que la compro, todo sea por el arte, y voy de nuevo ¡pero nada! El sistema no me da boletos consecutivos, lo único que me ofrece el miserable es uno en el "gallinero del ala norte" y otro en el "gallinero del ala sur" ¿por ésa cantidad? ¡Ni madres! Intento no poner la categoría, dejo que sea él mismo el que elija, respiro profundo y trato de confiar en su integridad y honradez, y que después de tanto rato manoseando sus vericuetos me haya agarrado un poco de cariño, o por lo menos de compasión; y va de nuevo la búsqueda, pero en segundos aparece de nuevo el maldito mensaje que ya me sé de memoria "No se encontraron boletos con éste criterio, favor de modificar los parámetros e inténtelo de nuevo" ¡Maldita sea, que no hay forma! Pame y Marcos decidieron comprar sus boletos por su cuenta, Carlos y Lety desistieron del intento, y dijeron "Al cabo ni teníamos ganas de ir a verla, además ya está vieja, para ver pellejos en cualquier parte, y de a gratis, ¿verdad amorcito?".

Violeta y yo persistimos en nuestro intento, pero sólo pudimos ubicar dos boletos continuos pero en la localidad más cara, y después de tanto pensarla, de múltiples llamadas de aquí para allá, y de pensar primero en nuestros esposos, como siempre, decidimos que esto ya se había convertido en una afrenta personal y que seríamos nosotras las que iríamos al concierto a cobrar la ofensa, bailando, cantando, moviendo caderas, tejido adiposo y sistema óseo al ritmo que nos tocara....ése era el deber de cualquier buen esposa que se digne de serlo, estaba decidido, nos sacrificaríamos por ellos.

Los pobres supieron el preciso instante en que hicimos la compra de los boletos, aún estando a varias millas de distancia, porque al momento de presionar el botón "Acepto el cargo por $$$$.$$", nuestros compañeros de vida sintieron, como en un deja vu conjunto, un escalofrío que les recorrió la espalda baja y también partes intimas, sintieron un apretón helado en la entrepierna, y gritaron a coro, "¡Ay cabrón, estas viejas ya compraron los boletos...!".

Madonna 2012 World Tour! Yeah!

Hey Mister DJ put the music on I wanna dance with my baby....

Music, music

Music makes the people come together

Music mix the bourgeoisie and the rebel

Lunes, 13 de febrero de 2012