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Política científica

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El presidente Peña Nieto se compromete a posicionar al Conacyt como instrumento esencial para transformar el país

Es necesario que México se incorpore a la sociedad del conocimiento, pero también se requiere otorgar un mayor valor agregado a lo que el país produce, refiere el presidente   No hay...

08 Ene 2013

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14 Dic 2012

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07 Dic 2012

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Los Fondos Mixtos y su contribución al desarrollo de la ciencia

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29 Nov 2012

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El curso de la Agenda Nacional de Ciencia

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19 Oct 2012

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Hacia una Agenda Nacional en Ciencia, Tecnología e Innovación

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11 Oct 2012

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Agencia Espacial Mexicana y Agencia Mexicana de Mares y Costas

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05 Jul 2012

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Foro de consulta para la creación de la Agencia Mexicana de Mares y Costas.

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24 Abr 2012

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Dándole la cara al mar, propuesta de creación de la agencia…

Dándole la cara al mar, propuesta de creación de la agencia mexicana de mares y costas

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20 Mar 2012

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¿Porqué crear una Agencia Mexicana de Mares y Costas?

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14 Feb 2012

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La ciencia mexicana y su contexto reciente PDF Imprimir Correo
Escrito por Colaborador on Miércoles, 16 de Noviembre de 2011 22:06   

Por José Antonio de la Peña*

Publicado en La Crónica de Hoy / 16 de noviembre de 2011

El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha adquirido particular relevancia en muchos países debido a la aparente relación entre la inversión en investigación y desarrollo y el crecimiento económico y el bienestar social. Se dice que entre 30 y 60 por ciento de la riqueza de las naciones, luego de la Segunda Guerra Mundial, se debe al comercio de tecnologías nuevas. Así lo indican, también, estudios recientes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE)1, que concluyen que los avances tecnológicos no son sólo responsables del incremento en productividad multifactorial, sino también de la calidad del capital y el trabajo, debido sobre todo a inversiones importantes en tecnologías de información y comunicación.

En esta lógica, en el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 se establece la necesidad de crear condiciones para que México se inserte en la vanguardia tecnológica, para impulsar la competitividad del país. En su presentación del Plan Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación2, el Ejecutivo señala que, en virtud de que la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación son precursores esenciales de la competitividad y del crecimiento económico, debemos impulsar una mayor vinculación entre científicos, tecnólogos y académicos con la planta productiva nacional. Cito: "Necesitamos aprovechar el talento de quienes dedican su vida a mejorar los procesos y las tecnologías, acercándolos a quienes producen directamente los bienes y servicios que el país requiere. De esa vinculación dependerá en buena medida la inserción exitosa de nuestro país en la sociedad del conocimiento".

Este punto de vista, llamémosle moderno, es parte de un proceso de globalización y apertura comercial del país, impulsado por el gobierno mexicano desde los años noventa. Así, señalan Casas y Dettmer3, los programas gubernamentales, desde esas fechas, adoptaron algunas de las características del paradigma de la ciencia como solucionador de problemas, basado en la nueva concepción de un modelo lineal que lleva de la creación científica al desarrollo económico y en el que la demanda de las empresas para impulsar el desarrollo tecnológico es el punto fundamental. Estas políticas han marcado una tendencia en los últimos años, en que no sólo los científicos son actores relevantes, siendo acompañados por un grupo emergente de tecnólogos, pero sobre todo por las empresas que juegan el papel estelar. Estas políticas no han estado exentas de tensiones con una comunidad científica más acostumbrada al modelo de la ciencia orientada por la curiosidad, realizada dentro del campo protector de las universidades públicas, modelo que reinaba sin contrapesos hasta los años ochenta.

Esta transición también se ha caracterizado por importantes cambios normativos en la política del sector. La Ley de Fomento a la Investigación Científica y Tecnológica de 1999, la Ley de Ciencia y Tecnología del 2002 -y la reforma del 2004, conocida como el Artículo 9 bis, que mandata destinar un gasto nacional no menor al uno por ciento del PIB en CyT-, la reforma a la Ley Orgánica de Conacyt en el mismo periodo, y el nuevo Programa Especial de Ciencia y Tecnología de la actual administración, que desemboca en las modificaciones a la de Ley de Ciencia y Tecnología aprobadas el 12 de junio de 2009. En conjunto, son numerosas las regulaciones que establecen estos cambios en la visión de la ciencia y su significado social.

El papel de Conacyt en el sistema de Ciencia y Tecnología.

El Plan Especial de Ciencia y Tecnología 2001-2006 realizaba un duro diagnóstico de los principales problemas del Sistema de Ciencia y Tecnología del país: un Sistema de CyT que es un agregado de instituciones que no opera como sistema por carecer de relaciones institucionales y de una adecuada coordinación en el plano presupuestal y programático. Señalaba que más allá del apoyo a la ciencia, el Sistema debería dirigirse "hacia el fomento de la actividad de innovación en las empresas y al desarrollo de un ambiente propicio de negocios tecnológicos". En suma, indicaba los problemas ya conocidos de inestabilidad de las políticas y de baja inversión, pero agregaba dos elementos nuevos: uno, la necesidad de modificar la normatividad para propiciar el desarrollo tecnológico y, dos, otorgarle mayores capacidades a Conacyt.

El diagnóstico sobre la competitividad e innovación en las empresas señalaba su bajo nivel: "la inmensa mayoría… se localiza en un nivel emergente y, como consecuencia, poseen muy limitadas capacidades de generación de valor". También destacaba el escaso número de solicitudes de patentes que mostraba el insuficiente nivel de desarrollo tecnológico; la poca participación privada en el gasto de ciencia y tecnología, y la nula estrategia de integración de los instrumentos de apoyo financiero del gobierno federal.

Con el fin de atender las problemáticas señaladas, la ley del 2002 define un esquema de organización del sistema de CyT con nuevos actores (el Consejo General, el Foro Consultivo, la Red de Consejos Estatales, los Fondos Sectoriales y Mixtos) articulados por Conacyt, que ve así mejor definido su perfil, fortalecido en particular con la creación de un Presupuesto consolidado en el Ramo 38. Conacyt se transforma así, en la práctica, en una Secretaría de Estado, con un presupuesto que lo pone en el nivel medio superior de entre las secretarías, pero con una característica distintiva; la ley le otorga capacidad para opinar y coordinar, a través del Consejo General, sobre el presupuesto en CyT de otras secretarías.

Hemos escuchado, en muchas ocasiones, discusiones sobre la conveniencia de contar en México con una Secretaría de Estado en Ciencia y Tecnología. Se argumenta que así tendría, por fin, la ciencia mexicana el peso político para negociar más presupuesto. No lo sabemos. Pero creemos que si los supuestos de la ley del 2002 hubieran funcionado correctamente, Conacyt jugaría el papel de una poderosa Secretaría. El Consejo General, algo así como un gabinete de Ciencia y Tecnología, presidido por el mismo Presidente de la República, se ha reunido cuatro veces en 10 años y nunca tomó una sola decisión en materia de asuntos estratégicos o financiamiento. En lo que va del Milenio, como parte del PIB, el presupuesto del Ramo no se incrementó, a pesar de la aprobación del Artículo 9 bis. En cuanto a los fondos sectoriales y mixtos, una magnífica idea ya contenida en la ley de 1999, salvo honrosas excepciones, no funcionaron ni en monto financiero, ni en contenidos académicos como se esperaba. Muy relevante, Conacyt no tuvo la intención o el poder de convocatoria para crear un programa estratégico junto con las instituciones de peso científico del país. En resumen, a partir de la ley del 2002, Conacyt ganó en presencia y autonomía, la comunidad científica estableció vías de comunicación permanentes con los legisladores, sin embargo, el sistema de ciencia y tecnología continuó desarticulado y con poca participación en la definición de líneas estratégicas para el país.

* Instituto de Matemáticas, UNAM y Centro de Investigación en Matemáticas, Guanajuato. Pertenece al Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República.

1 Science, Technology and Innovation in the New Economy. Policy Brief OECD Observer (2000).

2 Plan Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación. Conacyt (2008).

3 R. Casas y J. Dettmer (2003) Construyendo un paradigma de política científico tecnológica para México.